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Viernes
30 Jul

Delhi, la Soledad de una lágrima

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De India a Mongolia (V)

No me puedo creer lo que está pasando; de hecho siempre espero otro final para esta historia, pero la historia se repite casi tan cadenciosamente como el ritmo de mis pedales. Y no me puedo creer que Sancho, por una cuestión de desencanto, derribase a Don Quijote; y no me quiero creer que el Caballero de la Blanca Luna derrotase a Don Quijote confinándolo a los rincones de su locura no sin antes arrancarle del alma las dramáticas palabras que, de nuevo, resumen la existencia de lo vivido y de lo sentido: "Dulcinea del Toboso es la mas hermosa mujer del mundo, y yo el mas desdichado caballero de la tierra, y no es bien que mi flaqueza defraude esta verdad. Aprieta, caballero, la lanza, y quítame la vida, pues me has quitado la honra".

No me puedo creer lo que está pasando; de hecho siempre pretendo alargar el final para esta historia pero, una vez más, India llegó a su fin. Y no me puedo creer que este mes y medio haya sido un parpadeo preñado de imágenes que se diluyen y se plasman en mi conciencia a un ritmo asombroso.

De Srinagar a Shimla; llegué mas allá pues me bajé a Kalka.

De Srinagar a Kalka; el Yelmo guarda silencio y yo alcancé el horizonte que parecía no querer llegar, que por momentos creí no poder alcanzar.

India se acaba una vez más y, como bien sabe Marta, consciente como soy que muy pocas cosas justifican el precio de una lágrima, volveré a llorar cuando el avión despegue y se avive la celeridad de lo ya vivido.

Pero, ¿qué es India? No lo sé, más su significado va más allá de ser una mera sensación. Supongo que si mezclamos lo peor de Europa y lo peor de Asia obtendríamos India... y de dos cosas tan negativas, ¿cómo puede obtenerse algo tan pleno en sentimientos y contradicciones, algo tan henchido de una espiritualidad que es la derrota de todo lo sentido y de lo transformado?

No lo sé; me sentaré en el anden de la estación de Kalka y contemplaré la vida de India pasar para ver, si así, por una vez, comprendo algo de esta enorme sensación que me aplasta y abochorna con cada instante de lo existido.

India ha sido amable conmigo; quizás, el estado de ánimo fue, en esta ocasión, el adecuado... porque India, a fin de cuentas, no dejar de ser más que un estado de ánimo.

En India todo cabe, todo vale; India se lo traga todo por traumática que pueda resultar esa totalidad. Sólo India tiene la virtud de dejar los corazones como el de un recién nacido, de tal manera que todo, cada momento, es el comienzo de una nada que nos nace y renueva en nuestras mismas contradicciones para, de nuevo, poder volver a perder aquello que intuimos como nuestras identidad.

Quizás, pudiera ser, India fue la misma de siempre y fui yo, el que 15 años después, cambió y aprendió a fluir con aquello que le acontecía, con aquello que tan sólo deseaba. Y debido a lo efímero de este mes y medio nada puede ser más amable que la circunstancia de lo experimentado y vivido que, como sabéis, no ha sido poco.

India es un país para venir en Soledad, para conocerlo en Silencio pues, en India, a pesar de tan solo existir el momento que contemplo, ocurre que el pasado sigue vivo en cada instante y el tiempo, cíclico, aun no ha cambiado el tránsito de su periodo. Nada aprenderé de India si la miro desde el cristal tintado de mi autobús Volvo con aire acondicionado. Nada aprenderé de ella, tan sólo, con suerte, podré de reojo mirar la sombra de sus monumentos pero sin enterarme de que a diferencia de otras historias, por ejemplo faraónicas, el ritmo y el tiempo de estos monumentos siguen plenos de vida, de pasado especular que es el reflejo en el ahora de todas sus imágenes.

Sentado en el andén de la estación de Kalka poco me importa la humedad, los ruidos, el cruel calor, y las miradas de curiosos que me hacen sentir como a un pobre animal de zoo; poco me importa porque soy parte de ello, y ese "ello" es la llave de la puerta, de la celda, del palacio de cristal que es nuestro occidente y nuestro primer mundo.

India duele, a veces mucho (¿verdad Qivi?); y siempre, por muy acostumbrado que se esté a sus veces, te regala unas imágenes que, por crudas y reales, rasgan el alma y en otros lugares censuraríamos en la tele... pero, ¿y qué?, es la vida a pesar de todo. Y si de esa vida rascamos el polvo que sólo se enquistara en aquellos que viajan acompañados por su coraza y temen el dolor, a la vida, descubriremos la India milenaria que sin derrotar al tiempo supo derrotarse a ella misma para reinventarse con cada visita.

India, en cada mirada una vida.

Y no me puedo creer lo que está pasando; siempre, mientras espero otro final, Don Alonso renuncia a Don Quijote y, éste, muere; yo lloro, e India se queda bajo el avión que me rescata de lo que fui... esperando, de nuevo, otra soledad, otro final.

Hasta pronto, Juan.

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Eu said:

Otra, otra, otra smilies/wink.gif
 
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julio 06, 2009
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